“¿Somos seres racionales?”

Por: Claudia Braña / Opinión/ 14 noviembre, 2018

Esta historia pide a gritos ser radiada; voces, tonos, interjecciones, frases, silencios que no puedo contar se mezclaron sobre ruedas para hacer relucir lo peor de la humanidad.


Por un momento hasta pensé iba a poder contarles mi primera experiencia positiva en el transporte público; pero minutos antes de llegar la más anhelada, lo que fue una sala de espera en una terminal se convirtió en una selva, donde solo los más fuertes sobrevivieron.

 

Podía ver como ocurrían las metamorfosis, así como los esclavos haitianos presenciaban las transformaciones de Mackandal en mariposa; solo que en el reino de este, nuestro mundo, había lobos, gatos, serpientes, ovejas y parásitos que para nada engrandecen el concepto de real-maravilloso.

 

“Quítate”, “Te estás haciendo la loca”, “Uno detrás del otro”, “Las embarazadas van delante (lo dice quien no está embarazada y se aprovecha de la situación por ser su acompañante, en total serían tres embarazadas y siete acompañantes)”, “No hay respeto”, “Que ni piensen que me voy a ir de pie”,… y así, una y otra frase intercalada con silencios. Entonces me pregunto: ¿dónde está la racionalidad, eso que dicen que nos diferencia del resto de los animales? La verdad es que yo conozco a hormigas mucho más educadas y empáticas.

 

–Esas cosas en Güira de Melena no pasan, porque dan “tiques” –comentaba una mujer.

 

¿Entonces a carencia de “tiques” somos más irracionales? Claro, porque los tiques son directamente proporcionales a la racionalidad…

 

–Yo no tengo la culpa –comenta el responsable de los “tiques” –yo soy uno solo para cuatro “puertas”.

 

¿Acaso no es un solo médico para toda una consulta, o un maestro para toda un aula, o un presidente para todo un país?

 

Justo cuando me cuestionaba eso, se terminaba la repartición de los asientos:

 

– ¡Qué lástima, no alcanzamos! –me decía la anciana de 77 años que iba delante de mí, mientras esperaba terminara la disputa  por el último asiento que quedaba.

 

No sabía si abrazarla o llorar, si gritar o callar; pero aquello me estremeció el alma, y como no podía explotar, tenía que compartirlo con ustedes.

 

No se trata de un “tique” en mano que establezca jerarquías y relaciones de poder. Nos quejamos a diario de las faltas de respeto, las groserías, los maltratos; pero constantemente reproducimos esas malas prácticas. Abogamos por cambios y mejorías, pero esos cambios no suceden solos. Repensémonos nuestros modos de actuar, recordemos que somos humanos, demostremos que somos racionales; no abandonemos a la viejita, no nos desgastemos buscando la culpa, y sí encontrando la solución, y por favor, hagámosle caso a Silvio Rodríguez “…seamos un tilín mejores y mucho menos egoístas”.