Por primera vez, la bandera

Por: Yemmi Valdés / Opinión/ 23 mayo, 2019

Si se trata de ella no importa su ubicación en la más remota geografía, ni credos, ideologías, odios o  amores, la bandera  es eso que nos remite siempre a una relación de pertenencia sagrada.


La de la estrella solitaria, esa que representa a todos los cubanos, se izó por primera vez en mayo de 1850 traída por el general Narciso López durante su fallida expedición contra el poder español en la ciudad de cárdenas.

 

El poeta y dibujante Miguel Teurbe Tolón, diseñó a petición de Narciso la bandera cubana, que fue confeccionada en tela de raso por la esposa del diseñador.

 

Otras especificaciones fueron establecidas por el presidente Tomás Estrada Palma, el 21 de abril de 1906 y han permanecido sin modificaciones desde entonces.

 

Hoy es un símbolo al que acudimos todos para expresar la cubanía, aunque pocos reparan en la estrella de cinco puntas como expresión de la república libre, en el rojo de su triángulo o el azul turquí de las tres franjas.

 

Y es que se siente mucho más de lo que se piensa al principal emblema de la nación, que no se inclina por ley ante otra bandera o persona alguna, que por cuestión de honor va siempre a la derecha, que baja a media asta ante el dolor, y que entre muchos otros roles acompaña a los atletas en la victoria, para que Cuba y los cubanos vibremos todos aupados por el efecto Patria que solo ella sabe traducir como un dialecto del corazón.