Artemisa, la Villa Roja, Jardín de Cuba, Atenas de Occidente

Por: Olga Lidia Noa / Opinión/ 4 noviembre, 2020

Muchas y sobradas razones me hacen enorgullecerme de ser hija de Artemisa, no ilustre quizás; pero si de pura sepa. Jamás he pensado mudarme a otro sitio. No podría alejarme de sus campos multicolores, del aroma a flores que se respira, aún cuando caminas por la ciudad.


Yo, claro está, ¡qué podría decir de la tierra de mis amores! En ella nací y crecí. En ella he sembrado, cosechado. Podría mencionar todas las bellezas que la engalanan, sin embargo, para dar justeza a mis palabras, mencionaré el nombre y el parecer algunas de  las grandes personalidades del mundo, que la visitaron y admiraron.

Buscando en el tiempo, investigando en ese libro imprescindible que es “La historia de Artemisa”, de Don Manuel Isidro Méndez, descubro que en el lejano 1828, el Reverendo norteamericano, Abiel Abot, visitó nuestras tierras y permaneció en ellas para recuperar su salud. Escribió entonces: “Esta bella parte del país que me rodea es la hacienda de San Marcos… tierras sembradas de café y caña de azúcar…”

Elogios brotaron de la pluma de José de la Luz y Caballero al contemplar la hermosura del entonces Corral de San Marcos, “Vista de las lomas de Cayajabos, apacibilidad del aire y lindura de la mañana”.

“Si se fuera a buscar en la tierra un lugar para el paraíso, se colocaría en el valle de San Marcos” escribiría la Condesa de Merlín en el 1922. Y no puedo, ni quiero olvidar los elogios elocuentísimos de Cirilo Villaverde. “… como que crecía ahí más frondoso el naranjo de globos de oro, el limonero indígena y exótico… la gallarda palma”

Les aseguro que hay otros nombres ilustres dentro de los admiradores de Artemisa, algunos incluso se quedaron atados a ella por el amor, la lealtad. Y como mi intención no es aburrirles, les invito a buscar el título antes mencionado. Su autor quedó prendado de mi tierra para siempre.

En mi próxima pincelada te contaré sobre la aventura de unos camellos en mi Artemisa. Por supuesto que me refiero al animal, rumiante llegado del desierto y no al “camello” medio de transporte, bautizado así por nuestro ingenio popular. Nos leemos pronto.