¿Con qué me quedo?

Por: Equipo ARTV / Actualidad,Artemisa/ 6 mayo, 2021

Casi las 3:00 de la tarde y el Sol no parecía languidecer. Grúas, camiones, polvo, asfalto, sed, cansancio… y aquella decena de hombres sin temerle a las alturas, encima del puente de 60 metros de largo, colocaba a mano decenas de vigas, en una peligrosa ejecución hasta completar las 54 en proyecto.


Hubo que desmontarlas de un puente en desuso en Taguasco, Sancti Spíritus. Fueron trasladadas por vía férrea con más contratiempos que los esperados, y una Nicola (equipo de tiro de la Empresa de Izaje, Cubiza), junto a una grúa de 160 toneladas de la Zona Especial de Desarrollo Mariel, las llevó de dos en dos hasta los obreros de la Brigada 3, perteneciente a la Empresa de Construcción Integral.

¡Cierto! El vial que facilitará el acceso de la ciudad Artemisa a la Autopista Nacional… se ha demorado mucho más de lo previsto. Pero yo me quedo con esta foto de rostros humildes y laboriosos que no miran hacia atrás, sino hacia adelante.

No vale caer en detalles de todo lo que nos obstaculiza, detalles externos la mayoría. Prefiero ir a lo que nos fortalece; por eso me quedo otra vez con saberles parte de la mayor inversión en la provincia, de los avances de la carretera que llegará a las seis vías, con un separador iluminado por lámparas de tecnología led.

Me quedo con la seguridad de que, mientras muchos dormimos, el despertador les anuncia a las 5:00 de la mañana tareas nunca fáciles a hombres de camisas y gorras empapadas en sudor, quienes tienen como líder a Osdeny Bornes González, con unos 30 puentes de experiencia, incluso en el pedraplén de la cayería norte de Villa Clara.

Cuando se concluya, esta gran obra ingeniera reducirá en siete kilómetros la conexión de la ciudad cabecera con la autopista; nos ahorrará combustible y, al ser de dos vías y cuatro carriles, disminuirá notablemente los accidentes de tránsito, otros argumentos con los que me quedo.

Este Primero de Mayo muchos no tuvimos más remedio que honrar a los mártires de Chicago desde la casa o el escenario virtual de un móvil, allí entre polvo y Sol estuvo la voluntad de terminar el puente del kilómetro 6.37 del vial. Y cada mañana los condujo a su propósito.

Al carpintero que solo se dedicaría a encofrar el puente, lo vi con sus 59 años de edad a cuestas, encima de aquella estructura como chico de 20, acomodando vigas, en tanto otros elevaban las 384 losas de tablero prefabricadas, necesarias antes de cubrir con hormigón. Igual me quedo con esos detalles.

Y, para no ir por la vida como necia, aquella tarde de aprendizajes traté de indagar más allá de lo visible ante este puñado de valientes. Ni siquiera protestaron ante el arroz blanco, la sopa, la harina y una muestra de picadillo (como en aporreado con papas, me dice quien lo despacha), a un precio de 17 pesos, que almorzaron horas antes de volver a subir al puente y derrochar adrenalina.

Con estas deudas no me quedo. ¡Y ojalá el panorama un par de días después sea diferente, incluso con merienda y tal vez hasta desayuno, sin que dejen allí el salario completo!

Pasito a pasito, y sin fecha para no crear falsas expectativas, avanza el enlace de la capital provincial con la Autopista Nacional. El entorno aporta un ambiente citadino, desde la rotonda con el homenaje a la Pupila insomne de Rubén Martínez Villena, y las luminarias que conducirán hasta el kilómetro 35 de la Autopista.

Si bien ya suman nueve años desde el proyecto y el primer movimiento de tierra, esta obra concreta muchas horas de pensamiento, sudor, constancia y de no renunciar a su funcionabilidad, pese a los contratiempos. Por el futuro de Artemisa, me quedo también con todo eso.

Tomado de ElArtemiseño.