Un cubano grande de la literatura

Por: Yemmi Valdés / Opinión/ 28 octubre, 2020

Este 28 de Octubre se cumplen 208 años del natalicio de ese grande que es Cirilo Villaverde.


Era inevitable que una obra como Cecilia Valdés le inmortalizara, pero Cirilo, más que novelista, más que maestro, traductor y periodista; es para nosotros: descubridor.

En el ingenio Santiago de San Diego de Núñez, Bahía Honda nacía un Villaverde iluminado e ilustrador luego de una época y una forma de vida que hasta hoy nos determina y condiciona.

Aunque Artemisa dejó de ser pinareña continúa más vueltabajera que nunca, porque Cirilo situó las puertas de Vueltabajo en Guanajay y a esa delimitación tan suya le incluyó también al Ariguanabo.

Más allá de las dimensiones y nociones geográficas, su descripción de la gente es la verdadera certeza de cuánto le pertenecemos todavía.

“Los guajiros son alegres, de mansa condición, dados al trabajo, generosos y amigos fieles, apasionados y entusiastas”, aseguraba.

Así continuamos siendo los moradores genuinos de Vueltabajo, como nos describiera en sus crónicas sin fecha de caducidad, válidas en este y el resto de los tiempos.

Autor de la obra cumbre de la literatura cubana del siglo XIX, para nosotros, artemiseños y pinareños herederos de un peculiar gentilicio resultado de su ingenio, Villaverde fue el primero en descubrir toda la riqueza ecológica y humana de estas tierras occidentales.

Reveló para las letras universales: vida, paisajes y costumbres que debemos releer y atesorar como referente de la realidad nueva.

Su prosa llega como estímulo multisensorial que trae al presente olores, sabores, emociones y trasmite pasión por nuestro origen. En una pintura hiperrealista provoca visitar el paisaje de las bahías de Mariel y Cabañas, los bosques de Las Pozas, La Sierra del Rosario, las alturas que colindan con San Diego de Núñez y el Pan de Guajaibón.

Hoy nos sigue acompañando el mar verde de los campos de cañas de su Excursión a Vueltabajo; que la impronta de un escritor tan útil sirva para edificar, sobre los mismos caminos y guardarrayas, la Artemisa que queremos y que le gustaría a Cirilo.