Partido Revolucionario Cubano, símbolo de la más clara concepción de unidad

Por: Yemmi Valdés / Actualidad,Opinión/ 10 abril, 2021

Con el fin de ordenarlas fuerzas existentes y necesarias para establecer una república justa, se proclama 10 de Abril de 1892 el Partido Revolucionario Cubano (PRC).


A una misma hora, se pusieron en pie todas las asociaciones cubanas y puertorriqueñas que mantenían fuera de Cuba y Puerto Rico la aspiración de independencia de las Antillas, y todas proclamaron constituida por la voluntad popular, y completa por la elección de los funcionarios, la organización partidista.

En una sola fuerza política se congregaban así los aspirantes a la libertad. Sobre bases de unión y estatutos para la actuación, anunciaban que los cubanos y puertorriqueños decidieron acelerar, por métodos republicanos de alma democrática, la independencia. Aseguraron además que de cualquier otro modo, sería alzamiento incompleto, peligroso y desordenado.

La organización surgía de una inquietud de José Martí, quien entendió e hizo entender la necesidad de crear un órgano que le proporcionara una línea programática a la nueva guerra en preparación.

En el logro de ese empeño resultaba esencial incluir los intereses y características de los diferentes grupos de emigrados, así como de los diversos elementos integrantes de la sociedad cubana, a fin de crear, en un futuro, una república sin predominio de clase social alguna.

La agrupación serviría para optimizar los métodos de dirección y superar las contradicciones principales entre: militares y civiles, cubanos radicados en la Isla y en el exilio, patriotas veteranos y de la nueva generación, ricos y pobres, patronos y obreros, habitantes de las provincias occidentales y orientales, cubanos y españoles, negros y blancos.

«La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa político.» Se consolidaba así el genio políticode José Martí.

El 15 de enero de 1892, redactó las Bases del Partido Revolucionario Cubano, que se aprobaron y proclamaron el 10 de abril de ese mismo año. En el artículo cuarto de las bases se detalló como debía ser la República que se estableciese una vez alcanzada la independencia: El Partido Revolucionario Cubano no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o con alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud.

En total, son nueve,  los artículos que conformaban las bases en los que se precisó además que esta organización reuniría los elementos revolucionarios existentes y trataría de captar, sin compromisos inmorales con pueblo u hombre alguno, cuantos elementos nuevos pueda, a fin de fundar en Cuba por una guerra de espíritu y métodos republicanos, una nación capaz de asegurar la dicha durable de sus hijos y de cumplir, en la vida histórica del continente los deberes difíciles que su situación geográfica le señala.

Mientras, los estatutos secretos definieron las características de la organización, los deberes de las asociaciones, del Cuerpo de Consejo, del delegado y del tesorero, así como establecieron el procedimiento para cubrir una vacante en alguno de los cuerpos de dirección y otros asuntos básicos para el normal funcionamiento del propio partido.

Luego de la aprobación inicial de las bases y estatutos secretos en Cayo Hueso, fueron circulados estos documentos por otras ciudades norteamericanas para ser sometidos a consulta y ratificación por diversas agrupaciones de patriotas cubanos.

Varios meses después, el 8 de abril de 1892 se eligieron los dirigentes de la organización, Martí resultó electo como Delegado, máxima responsabilidad, y el día 10 en Nueva York se realizó la proclamación oficial del Partido Revolucionario Cubano.

Al respecto, el Apóstol comentó lo bello que era ver alzarse en una sola idea, de entusiasmo y prudencia a la vez, a un pueblo de orígenes diversos y composición difícil, “en la hora suprema en que se requieren juntamente la prudencia y el entusiasmo.”Añadió cuán bueno resultaba ver nacer  “un partido de revolución el día mismo en que se proclamó la constitución democrática de la República.”

Entre sus objetivos principales estaba organizar, dirigir y llevar a cabo lo que Martí calificara como la Guerra Necesaria. Una semana antes de la constitución oficial del partido, se refería en el Periódico Patria a las características de la organización:

Y lo primero que se ha de decir, es que los cubanos independientes y los puertorriqueños que se les hermanan, abominarían de la palabra de partido si significase mero bando o secta, o reducto donde unos criollos se defendiesen de otros: y a la palabra partido se amparan, para decir que se unen en esfuerzo ordenado, con disciplina franca y fin común, los cubanos que han entendido ya que, para vencer a un adversario deshecho, lo único que necesitan es unirse.

La recaudación de dinero y medicamentos era una tarea de permanente importancia. La fuente más valiosa, no por su monto, sino por su significado patriótico, fueron los pequeños aportes que a costa de grandes sacrificios realizaban los trabajadores. Colectas públicas, cuotas a través de los clubes y aportes de particulares cubanos y extranjeros eran la fuente más digna de recaudación para la guerra.

Otra tarea fundamental de la delegación una vez que comenzó la guerra, consistió en organizar y enviar expediciones armadas a la Isla. Para tal efecto fue creado el Departamento de Expediciones. Más de 30 fueron enviadas a Cuba entre 1895 y 1898.

En la segunda mitad del siglo XIX ya era práctica habitual la creación de partidos políticos, esencialmente para participar en las contiendas electorales, pero fue José Martí quien en 1882 adelantó la idea de que únicamente a través de un solo partido podía dirigirse la lucha del pueblo de Cuba, para unificar los esfuerzos de todos los cubanos y desenmascarar las tendencias antinacionales.

Este fue el fruto de la tenaz lucha martiana por la unidad de todos los revolucionarios, en ella combatió contra todo tipo de divisiones: entre los viejos y jóvenes, los veteranos y novatos, el autonomismo, el anexionismo y el racismo. Además se conjugaba con el ideario antimperialista, que siempre fundamentó la necesidad de estar unidos para enfrentar al vecino del Norte. Tan certera fue su visión que perdura todavía.