Atención Primaria de Salud: A más de 80 latidos por minuto

Por: Equipo ARTV / Artemisa,Titulares/ 25 agosto, 2021

Hace un tiempo las zonas rojas estaban marcadas. Cada uno sabía que de esa línea para allá se atendía a positivos o sospechosos de COVID-19. Solo adentro había más miedo; trajes de protección individual, caretas, guantes dobles y mascarillas eran comunes. Pero únicamente allí, detrás de aquellas cintas amarillas.


Con el nuevo protocolo sanitario, desde el 18 de julio, prima el ingreso a domicilio. Sin embargo, ni todos los pacientes van al médico al primer síntoma, ni todos los médicos visitan diariamente.

“Con la muchacha jovencita de la pesquisa, mandé varios avisos a la doctora del consultorio 12, al cual pertenecemos, pero todavía nadie llegó hasta aquí siquiera para orientarnos o explicar que no hay Nasalferón”, sostiene Axdiacelis Leyva Behar, residente de Alquízar.

En su hogar, los síntomas empezaron por su niño de dos años, luego ella y, como en efecto dominó, su mamá. “En ninguno de los casos hemos podido confirmar mediante una prueba rápida o PCR si se trata del virus”, dijo.

En igual situación estuvo Yoelsy Duquesne Sierra, de Guanajay, quien el 15 de agosto aún esperaba la respuesta de su PCR (realizado desde el día 7). Ya casi daban de alta a su pequeña y su esposa, y su caso no fue informado al médico de la familia sino hasta casi una semana después, según le comentó el propio médico.

“El protocolo está claro: desde que el paciente asiste a consulta de Infección Respiratoria Aguda (IRA), al otro día en la entrega de guardia, la dirección del policlínico debe entregárselo a quien dirija el Grupo Básico de Trabajo, para distribuir los casos según los consultorios”, explicó el doctor Pablo Alberto Medina, jefe del departamento de Atención Primaria de Salud (APS) en la provincia.

No obstante, la práctica es más rica y pone en riesgo la vida cuando la desorganización impera, en un proceso en que el error significa retroceder… y en el cual el médico pone la cara a situaciones que a veces escapan de sus manos.

Entre irregularidades y aciertos

En el parque de la iglesia, próximo al policlínico alquizareño Doctor Gabriel Cubría Puig, desde la madrugada se reúne cada día un número elevado de sospechosos, a la espera de “resolver” una prueba para la confirmación o no de la enfermedad, comenta Sady Alfonso Rivera.

La carencia de variantes para el diagnóstico promueve disgustos entre la población.

“Contamos con una cantidad limitada de test de antígenos. El estudio molecular queda reservado para pacientes con signos moderados o graves. Días como hoy (17 de agosto), en el municipio no hay cobertura para realizar ni un solo PCR”, asegura el doctor Dimitri Cáceres Plasencia, director del policlínico.

Danis Junior Valdespino, paciente del consultorio 13 de Caimito, dio positivo un martes. “Hasta el jueves estuve llamando al consultorio, y vino la enfermera a tomarme el nombre y los apellidos para ver si llevaba tratamiento. Entonces, acudí al policlínico y no me hicieron nada. Al recibir el resultado positivo de mi abuela, volví a llamar al consultorio: mis dos abuelos tienen comorbilidades, y estaba preocupado.

Llevamos de ingreso domiciliario 12 días, aún sin el resultado del PCR de mi abuelo. La enfermera pasó nuevamente y dejó Nasalferón para mi tío y mi abuela, pero ningún doctor nos visitó”, añade Junior.

Lógico: los pacientes desean que un médico los visite, ausculte y tome sus signos vitales, tal como se ha explicado en

los medios de prensa que debería suceder.

En videoconferencia con todos los municipios la semana anterior, Gladys Martínez Verdecia, primera secretaria del Comité Provincial del Partido, reiteraba la necesidad de la pesquisa oportuna y la atención esmerada a los pacientes en el hogar, para evitar complicaciones y que casos de bajo riesgo evolucionaran de manera desfavorable.

La otra cara del problema

“Los pacientes siempre quieren que los visite la doctora, no la enfermera. Nosotras trabajamos juntas, pero somos solo dos para atender a todos. La población debe extremar las medidas de cuidado; a veces nos reciben sin usar el nasobuco, o no están en casa en el momento de la visita”, explica la doctora Wendy García, responsable del consultorio 13/14 de Caimito.

“Hay mucha insensibilidad hacia nosotros. La gente se desespera: de las muestras recogidas a diario en la localidad, el 75% son negativas”, explica.

Ella planifica sus horarios, aunque cada vez resulta más complicado. “Con el alza de los casos la visita diaria se dificulta. En las mañanas doy consultas y en la tarde hago terreno. Además, tengo las guardias cada cuatro días en el policlínico municipal”.

La doctora Ledisney Arteaga Rodríguez, de 26 años, labora en el consultorio 21 de Alquízar desde su graduación. Dos años después, tiene un vínculo más estrecho con sus pacientes. “Saben que me pueden llamar al móvil o al fijo, si lo necesitan. Planifico mi tiempo y los visito”.

Resguardada bajo un nasobuco y una careta, trata de llegar a los 14 pacientes positivos dentro de su universo de 1298. “Es difícil. Las personas cuestionan que no tienen medicamentos, están encerrados y no les llevan nada. Busco orientarlos y proponerles alternativas, sobre todo basadas en la medicina tradicional o algún antipirético asequible. No siempre debemos tomar antibióticos; aconsejo reservarlos para alguna complicación luego de la enfermedad, sea neumonía o bronconeumonía”.

Ponerse en el lugar de otro siempre cuesta trabajo. Los médicos no pueden solventar solos sus problemas objetivos; para eso se crearon grupos multidisciplinarios. Pese a tener a miles de trabajadores de la Salud y estudiantes entre primero y quinto año de Ciencias Médicas asociados a esta labor, no siempre el resultado es el aspirado, ni el aminoramiento de las quejas a falta de atención.

¿Qué nos pasa?

Cada consultorio del médico de la familia atiende a más población que la concebida en su etapa fundacional. Entre 1 300 y 1 500 moradores son asignados a cada galeno, de unos 500 que corresponderían a 120 familias de cuatro miembros, soñadas en su fundación.

En los últimos 15 días, la provincia reporta unos 7 800 casos. De modo que, como promedio, cada médico de familia (449) debería atender entre 17 y 18 pacientes confirmados, más los sospechosos, pero hay áreas de Salud más complicadas que otras.

“Tengo 76 pacientes sospechosos, cifra en aumento a diario. No puedo ver a cada uno; priorizo a quienes presentan un cuadro clínico más complejo o enfermedades de fondo”, comentó García, la doctora caimitense.

A esto súmele que, por ejemplo, “en Guanajay, municipio con una compleja situación epidemiológica, solo 14 de los 25 consultorios tienen médicos, pues el resto están enfermos. Similar situación padece San Antonio, donde 23 de los 42 no disponen de médico: cuatro están enfermos e igual cifra en vigilancia, dos de certificado médico, siete cubren centros de aislamiento y dos enfrentan problemas familiares”, significó el jefe de la APS en la provincia.

“Solo Bahía Honda, Caimito, San Cristóbal y Güira de Melena (gracias al refuerzo con nueve médicos sancristobalenses) completaron el personal en el equipo básico de Salud. En el resto hay galenos enfermos o trabajando en Zona Roja, lo cual afecta directamente la atención primaria”.

Justificar no puede ser la norma para evadir errores. Si el sistema funcionara como está previsto, Wendy no visitaría a 76 sospechosos sola con su enfermera; debería contar con al menos cinco personas de refuerzo en su equipo de trabajo.

Aplicar la teoría a la realidad requiere tesón laboral, control y revisión diaria de muchos: no en papeles, sino a partir de la opinión popular y médica; dueños de signos vitales desencajados -a más de 80 latidos por minuto- que deberán estabilizarse pronto para no infartar, por el bien de todos.

Tomado de ElArtemiseño.