Pinares, el héroe-hombre orgullo de Vueltabajo

Por: Yemmi Valdés / Actualidad,Opinión/ 11 junio, 2021

Si a cualquier cubano le preguntan quién fue Antonio Sánchez Díaz, probablemente dudará, algunos en el Occidente del país le conocemos más: es el Comandante Pinares.


En San Cristóbal por ejemplo, se escucha con frecuencia su epíteto legendario, pues nombra con todo merecimiento la obra más sublime de la localidad: el hospital general docente que enorgullece a todos.

 En junio de 1967 desaparece físicamente el comandante pinareño de la lucha de liberación en Cuba; y en torno a su figura emergieron historias de todo tipo como reflejo de una personalidad singular.

Llama la atención que naciera el mismo día del fallecimiento de Antonio Maceo (quien cayó en combate el 7 de diciembre de 1896), y precisamente de él le viene el nombre de Antonio.

Natural de la provincia de Pinar del Río, se gana por esta causa el apodo: “Pinares”, una vez alcanzada la confianza de sus compañeros de lucha en la Sierra Maestra. Tanto la mereció que cuando el 21 de agosto de 1958, partió de El Salto, la Columna Invasora Antonio Maceo, bajo el mando de Camilo Cienfuegos, el entonces Capitán Pinares, marchaba en ella como Jefe de la Retaguardia. Volvía la estela del Titán de Bronce a iluminar la vida de Antonio.

Pero no fue fácil llegar a la Sierra. Antes, debió intentar varios oficios que fueron desde albañil, hasta carpintero de encofrado.

Desde pequeño sintió predilección por la cacería y las armas de fuego, lo cual influyó en la puntería que caracterizaba al comandante Pinares. Al terminar el séptimo grado comenzó a estudiar Comercio por las noches, lo cual alternó con el diario y duro trabajo del campo. Laboró además en la construcción para mantener a la familia.

Labor revolucionaria

En los primeros días de abril de 1957, después de cobrar el salario de una semana y sin decir a dónde iba, salió para Oriente y se internó en la Sierra Maestra, tras las huellas del grupo revolucionario guiado por Fidel Castro Ruz.

Aunque su búsqueda resultó infructuosa, no cesó en su empeño. Regresó a Pinar del Río y vendió sus herramientas de trabajo; una semana después emprendió de nuevo aquel viaje que pasaría a la Historia, pues no regresaría hasta incorporarse a la guerrilla y luchar por la victoria final. Lo hizo entonces lleno de gloria y esperanzas en el futuro de la patria liberada.

No fue enviado a la Sierra por el Movimiento 26 de Julio, partió por su propia voluntad y se convirtió en un soldado guerrillero. Al joven Antonio se le confió la responsabilidad de cargar la única ametralladora de calibre 30 que existía, por su fuerte complexión y la buena puntería demostrada desde los primeros momentos.

 Como resultado de su heroica participación en la lucha insurreccional durante toda la etapa, el 4 de enero de 1959, Pinares es ascendido al grado de Comandante del Ejército Rebelde. Los grados le fueron impuestos por Camilo Cienfuegos, en una sencilla ceremonia en Ciudad Libertad.

Durante varios años ocupó diferentes cargos en las Fuerzas Armadas Revolucionarias en territorios como Isla de Pinos, Camagüey, Oriente y Pinar del Río. Además, realizó estudios en diversos cursos de Escuelas Militares que elevaron sus conocimientos como oficial de las FAR.

Guerrilla del Che

Únicamente dejó el país cuando Ernesto Che Guevara lo llamó para que formara parte de la Guerrilla Internacionalista que combatiría en América Latina.

A su llegada a Bolivia, el día 20 de noviembre de 1966, Pinares obtuvo un nuevo nombre, se convirtió en el intrépido Marcos. En un primer momento es designado jefe de la vanguardia, después por problemas de disciplina pasó a formar parte de la retaguardia comandada por Joaquín; hecho que no empañó su trayectoria luego de que cayera en tierras bolivianas.

Al respecto se refirió la amiga y periodista pinareña Susana Rodríguez Ortega, en un artículo que compilaba las referencias del Che al Comandante Pinares en su diario de campaña. La colega reflexionaba sobre los errores de los héroes y me hubiese encantado a mí describirlo así: “Él, que amaba desde que era un simple albañil las cosas grandes porque se ven de lejos, se encogió como una semilla sobre el suelo áspero de la muerte. Hoy hay retratos suyos colgados en los museos y avenidas con su nombre. Los héroes-hombres son pequeños dioses que nos inventamos, tan parecidos a nosotros mismos, tan imperfectos, como sublimes”.

Por designios de la historia creo también que hay hombres y mujeres-héroes edificando hazañas cotidianas en escenarios tan comunes como nuestro hospital Comandante Pinares y la batalla por la salud es la más importante de la actualidad.

Como hay tantas otras luchas, busquemos aquella donde somos necesarios por el bien del país, que la inspiración de estos personajes de la vida real nunca nos falte.