“Silencio. La Universidad del Aire», un texto de Hernán Iglesias Villar.
En una era en la que el pulso informativo se mide en segundos y el scroll marca el ritmo del interés, parece que los medios tradicionales de comunicación pierden relevancia. El programa que antes reunía a las familias hoy compite con un reel de 30 segundos; sin embargo, hay algo que Internet no puede reemplazar: la capacidad de la radio y la televisión para inmortalizar momentos.
En el caso de la radio, ha tenido momentos memorables en la historia de nuestro país, muchos de ellos emitidos por el circuito CMQ, la emisora más importante de Cuba durante la República.
Precisamente, «La Universidad del Aire» fue una de esas maravillas. Transmitido en tres etapas: de 1932 a 1933 y luego de 1949 a 1960, fue un programa pionero a nivel mundial porque, a diferencia de otros modelos donde la universidad acudía a la radio, aquí fue la radio quien propuso y organizó un programa educativo para suplir las carencias de la educación formal en Cuba.
Dicen que honor a quien honor merece. Justamente, «Silencio, La Universidad del Aire», un texto de Hernán Iglesias Villar, es un libro que surgió para hacer una reconstrucción histórica sobre este programa.

Coménteme un poco sobre el libro. ¿Cómo fue el proceso de creación?
«Bueno, el libro mi tesis doctoral. Fue un proceso de investigación de muchos años sobre este tema. La tesis aborda la historia de la educación, pero también la historia de la radio. «La Universidad del Aire» fue un programa que se emitió en tres momentos: desde 1932 hasta 1933 y luego de 1949 a 1960, siendo esta última etapa la más larga, aunque tuvo varios períodos. En esencia, fue un programa donde se ofrecían conferencias sobre temas educativos y culturales.
En su segunda etapa, se emitió por el circuito CMQ, que fue la emisora más grande e importante que tuvo Cuba durante el período republicano. La importancia de «La Universidad del Aire» radica, sobre todo, en que puso al público cubano en contacto con temas que generalmente le eran ajenos, que estaban destinados a investigadores y académicos. Lo hizo de una manera accesible, utilizando el lenguaje de la radio, y los profesores adaptaban sus contenidos a ese formato. Por allí pasó lo mejor de la intelectualidad cubana; desde Jorge Mañach, su creador y director, hasta Emilio Roy, Fernando Ortiz y Raúl Roa, grandes personalidades e investigadores. Fue la primera iniciativa de este tipo en el mundo, algo que aún hoy se desconoce.
Existían universidades del aire, pero estas eran iniciativas donde la universidad iba a la radio para hacer programas educativos. Por primera vez, fue la radio quien propuso un programa que abordaba problemas existentes en la educación cubana y en la universidad. Uno de los aspectos más interesantes era que había público presente en el estudio. Cuando el conferencista terminaba su exposición, interactuaba con los asistentes. Si bien las conferencias eran importantes, los debates con el público aportaban una riqueza aún mayor.
El público hacía preguntas y cuestionaba a los ponentes; incluso hubo políticos que decían «yo hice esto», y el público respondía: «no, eso es mentira». Esa participación activa y esa riqueza en los debates no han vuelto a existir en un programa similar hasta el presente”
¿Y cuáles fueron los principales desafíos que encontró al realizar el libro?
«Uno de los principales desafíos fue buscar bibliografía para llevar a cabo la investigación. Primero, porque el tema no era ampliamente conocido. Existió un libro previo escrito por Norma Díaz, quien fue bibliotecaria del Instituto Cubano del Libro a comienzos de los 2000; sin embargo, se trataba solo de una presentación de «La Universidad del Aire». Era lo único que había disponible; el resto eran referencias que incluso contenían errores.
El mayor desafío fue rastrear todo eso. Fue reconstruir una historia dispersa, que estaba en periódicos, en revistas, en archivos, pero no solo de La Habana, sino de toda Cuba. Tuve que visitar varias provincias e intercambiar con colegas de otros países, porque parte de esa historia salió de Cuba también.
Sobre todo, tuve el privilegio de entrevistar a varias personas que habían escuchado la Universidad del Aire, incluso Alberto Luberta, que cuando se produce la Universidad del Aire en el 49, en la segunda etapa, él estaba en CMQ, porque hacía la Tremenda Corte, era copista.
También entrevisté también, por ejemplo, a Pellón, porque en la Universidad del Aire, en el 52, cuando Batista da el golpe de estado, el público empieza a convertirla en una tribuna de protesta. Y, por supuesto, asaltan los batistianos a la Universidad del Aire y le dieron golpe a todo el mundo. Y tuve el privilegio de entrevistar a Armando Hart, que fueron los que más golpeados salió por su foto que publicó en Bohemia, y a Pellón, que también estuvo ese día.
Entonces, el desafío mayor fue reconstruir una historia que estaba dispersa.Y, bueno, de paso, también historiar sobre un aspecto de la radio cubana que aún no está suficientemente investigado, que es la historia de la proyección educativa y cultural de la radio de la antigua república”.
Y al adaptar su tesis a un libro, ¿qué cambio estuvo presente?
“Fue muy interesante porque la tesis es un acto académico. Entonces, tienes todo un acápite metodológico que es muy importante, pero que está destinado a una comunidad, que es la comunidad académica, la comunidad estudiantil, a la universidad. Y la tesis tiene, por supuesto, un número de páginas determinado. Entonces, toda investigación genera mucha información, y esa información no puedes incluir en la tesis porque hay cosas que son anecdóticas y tal.
Yo creo que el mayor desafío para hacer el libro fue ese, primero, adaptar toda esa parte metodológica, que al público general realmente no le va a decir nada, pero que no estuviera excluido las principales tesis que yo defendía, e incorporar todo ese anecdotario, pero que ayuda a conocer la historia de la radio.
Siempre se decía, cada vez que consultaba textos que hablaban de la Universidad del Aire, que aparecía con información, decía, la Universidad del Aire terminó en 1952. ¿Por qué? Porque la Universidad del Aire publicaba cuadernos con las conferencias. En el 52 se dejaron de publicar los cuadernos, y no había más testimonio de la Universidad del Aire. Y todo el mundo decía, se acabó en el 52. Empiezo a buscar en la prensa y me doy cuenta que dura hasta el 60 y un día, estando en un evento en Bayamo, el director del Instituto Cubano de Historia, me dice, nosotros encontramos una serie de placas de ese tema que estás hablando, pero no sabemos de qué es.
Y, por supuesto, al otro día, a las 8 de la mañana, estaba en el Instituto Cubano de Historia. Y ellos habían encontrado muchas de las conferencias que estaban perdidas, desde el 52 hasta el 60, en discos. Entonces, tuve la dicha de ayudarlos a organizar todo aquello, de ayudar a organizar la información. Ellos lo digitalizaron, y es maravilloso que tú puedas escuchar la voz de las personas que solo has leído, y que puedas escuchar el tema de presentación, que puedas escuchar el ambiente de la CMQ. Yo creo que 1 de los valores del libro es que salda esa deuda, porque yo dedico una parte a hablar de todas esas conferencias que estaban perdidas, y que duran hasta 1960”.
¿Qué mensaje les transmitiría a los lectores? ¿Qué invitación haría para que se lean el libro?
“Bueno, en primer lugar, les invitaría a que se lean el libro, porque para cualquier autor es muy reconfortante saber que las personas están interesadas en su trabajo. Además, me gustaría que se acerquen a la radio. Esto podría sonar como un comercial, pero yo vengo de la radio y creo firmemente en su valor. A veces parece que la radio queda relegada a un segundo o tercer plano, pero sigue viva y seguirá siendo relevante.
También los animo a explorar la historia de «La Universidad del Aire», una institución educativa y cultural que hizo una gran contribución a nuestra sociedad. Hay un tema pendiente que me gustaría destacar: cuánto pudo haber influido «La Universidad del Aire» en el pensamiento cubano posterior a 1959. Existen indicios de que su impacto fue significativo, y eso es algo que aún está por investigar.
Así que, en resumen, los invito a leer el libro. Es una historia que seguramente les va a gustar y, sobre todo, aprenderán sobre una parte de nuestra identidad que está profundamente ligada a la radio. La radio no solo informa; también educa, forma y conecta a las personas. ¡Espero que lo disfruten!”

