Óscar Martínez, más que un pitcher

Hoy, las mismas gradas, que lo vieron deslumbrar como pitcher, lo observan entrenar a las nuevas generaciones. Si volviera a nacer, sería pelotero. Orgulloso de lo que fue y es, Óscar Martínez tuvo una magnífica carrera deportiva.

Él no admiraba a Maradona o a Jordan; su mayor exponente fue Manuel Hurtado, un pitcher de Industriales, unido a la pasión que heredó de su padre por el deporte.

¿Cómo describiría su estilo como pitcher?

“Mis primeros pasos fueron en la categoría de 11 y 12 años, donde comencé como jardinero; no era pitcher en ese entonces. A medida que fui desarrollándome empecé a jugar en el estadio de mi municipio Güira de Melena, pues antes jugaba en los solares”.  

“Sin embargo, cuando llegué a la categoría juvenil, decidí empezar a pichar por varios motivos: porque me gustaba y porque había un pitcher muy famoso de Industriales, Manuel Hurtado, que en aquella época era un referente. Su éxito me inspiró a aprender a pichar y a desarrollarme en esa posición”.

Comenzó participando en campeonatos provinciales, en las cuales se destaca como lanzador, hecho que le permitió ser seleccionado para integrar el equipo Habana en la Octava Serie Nacional de Béisbol.

¿Cuáles han sido los principales hitos a lo largo de su carrera?

“Como pitcher, mis principales logros incluyen ganar dos veces el campeonato nacional con el equipo Habana y ser reconocido como novato destacado del picheo. Impuse un récord de 11 victorias como novato que aún se mantiene vigente. Aunque varios lanzadores lo han igualado, ese récord no ha sido superado. Además, en dos ocasiones gané el título de Champions Pitcher de la Serie Nacional”.

¿Qué anécdotas recuerda a lo largo de su carrera?

“Hay dos juegos que me vienen a la mente. Primero, en el estadio Latinoamericano, durante mi primer año como novato, enfrenté a Industriales, el equipo con el que siempre había simpatizado, y al pitcher que me inspiró a ser lanzador, Manuel Hurtado. Fue un juego decisivo; el público quería que ganara Industriales, pero yo me interpuse en su camino. Lancé muy bien esa noche y logré vencer a Industriales por dos carreras a cero.

Al finalizar el juego, cuando saqué el tercer out del inning, el estadio, con más de 30 mil personas, se quedó en silencio. Antes estaban aplaudiendo por Industriales, y cuando logré el out no podían creerlo. Pensé para mí mismo: «¿Y ahora por dónde me voy? Este público estará en contra mía». Sin embargo, el público se puso de pie y me brindó una de las ovaciones más fuertes que he recibido en mi carrera deportiva. Para mí, ese fue uno de los momentos más importantes de mi trayectoria.

El segundo momento memorable fue en mi estadio en Güira de Melena. Lancé hasta el inning 19, desde la 1 de la tarde hasta las 5, pichando intensamente. Lamentablemente, en el inning 19 tuve que abandonar porque el equipo contrario logró fabricar las dos carreras que decidieron el juego. Cuando me sacaron del box y caminé hacia el dugout, el pueblo completo y las casas alrededor me brindaron una ovación tan grande como la del Latinoamericano. Esas fueron las dos experiencias más significativas que he tenido como pitcher en el béisbol”.

No fue un dios del Olimpo, pero su fuerza incomparable y dedicación le permitieron superar una operación cuyo diagnóstico indicaba que no podría jugar más béisbol.

“El desafío más grande que enfrenté a lo largo de mi carrera fue una intervención quirúrgica en la columna vertebral. Sufrí un accidente durante el servicio militar, lo que me llevó a someterme a una operación compleja, ya que debían colocarme un injerto en la cadera. Tras la cirugía, me indicaron que debía realizar ciertos ejercicios, pero también me informaron que no podría jugar más béisbol. Esa noticia fue devastadora para mí.

Cuando llegué a casa y se lo conté a mi familia, fue un momento muy difícil. Sin embargo, le dije a mi padre: «Voy a volver a pichar». Él me miró sorprendido y me dijo: «Estás loco». Pero yo estaba decidido. Comencé mis ejercicios de rehabilitación; iba todos los días a la playa de Cajío para hacer ejercicio en el agua, en el puente y en las escaleras, trabajando especialmente las piernas. Después nadaba un poco y así fui fortaleciendo los músculos de mi columna vertebral. Estuve aproximadamente dos o tres meses en este proceso, durante los meses de junio, julio y agosto.

También hacía ejercicios en casa y, ocho meses después de la operación, le dije a mi padre: «Toma el guante y la pelota, porque voy a lanzar». Poco a poco fui recuperando mis movimientos hasta que estuve listo para pichar nuevamente, y comencé a hacerlo en el campeonato municipal de primera categoría. Para mí, ese fue el reto más grande de mi carrera deportiva; después de esa operación, pude lanzar durante 20 años. Fue un éxito para la ciencia cubana, ya que mi operación fue una de las primeras realizadas por vía anterior en el país”.

.¿A nivel internacional qué logros ha obtenido?

“A nivel internacional, como jugador tuve poca participación. Formé parte de varias preselecciones con el equipo Cuba, pero, aunque tuve buenas actuaciones, era muy difícil integrarme al equipo nacional. En ese entonces, el nivel de picheo era altísimo; cada provincia contaba con tres o cuatro lanzadores del equipo Cuba, lo que dificultaba mi inclusión. Solo fui invitado en algunas ocasiones a juegos amistosos con equipos extranjeros que visitaron Cuba.

Posteriormente, cuando dejé de pichar y me retiré como lanzador, comencé a trabajar como entrenador de picheo. Me superé en esta faceta y trabajé con el equipo Habana durante muchos años. Luego, fui seleccionado para entrenar al equipo Cuba Juvenil de béisbol, con el cual participé en siete Series Mundiales Juveniles como entrenador de picheo. Ganamos cuatro campeonatos mundiales, uno de ellos aquí en Cuba y los otros en diferentes países. Tuve el honor de representar a Cuba, que siempre fue mi máxima aspiración como entrenador.

También fui seleccionado para colaborar en proyectos técnicos deportivos en varios países como Rusia, Corea, Brasil, México, Guatemala y Japón. Estas experiencias me ayudaron a consolidarme como entrenador de picheo. Desde entonces, he seguido trabajando en campeonatos nacionales y provinciales y aún me mantengo activo con los escolares y con el equipo de primera categoría. He desarrollado a muchos jóvenes que han llegado a jugar en la Serie Nacional, lo que para mí ha sido un gran orgullo, poder contribuir al desarrollo del béisbol en mi municipio y ayudar a la provincia de Artemisa”.

¿Cree que el béisbol ha tenido algún cambio?

“En esta época, el desarrollo del béisbol ha sido un poco más complicado debido a los problemas que estamos enfrentando. Sin embargo, Cuba sigue siendo excepcional en la formación de peloteros. Hay muchos jóvenes talentosos; solo necesitamos esperar y organizar bien los campeonatos para desarrollarlos adecuadamente en cada posición. El béisbol es el deporte nacional y es difícil que se decline; ha tenido sus altibajos, pero es poco probable que caiga. Todo lo contrario: es parte de la idiosincrasia del cubano”.

¿Qué mensaje le transmitiría a las nuevas generaciones interesadas en el béisbol?

Para ser pelotero, lo primero que se debe tener es disciplina, voluntad y sacrificio. El béisbol requiere un gran compromiso para desarrollarse como atleta desde niño. Es fundamental inculcar estos valores desde temprana edad. Hay que mantener la disciplina tanto en el entrenamiento como en la vida personal.

Si tuviera que definir su vida con una frase, ¿cuál sería?

Me siento orgulloso de lo que fui y de lo que soy. Quiero decirle a mi pueblo que, cuando llegue el día de mi despedida, espero que sea con un fuerte abrazo, porque eso sería lo más grande de mi carrera deportiva: el aplauso de mi país.

¿Cambiaría algo de su vida?

No, si volviera a nacer, volvería a ser atleta, pitcher y entrenador. Esa es mi vida, y mientras tenga fuerza y salud, me mantendré transmitiendo mis conocimientos a esos niños.

Hoy, Óscar Martínez es entrenador, padre, abuelo y amigo. Evoca una carrera que solo han logrado unos pocos. Hoy, Güira de Melena tiembla porque el béisbol en este territorio tiene a su dios. Porque esta no es la historia de cualquiera; es la historia de Oscarito, el pitcher, la historia de más de 20 años de trayectoria profesional, la historia de un hombre que brillará  en el firmamento del béisbol cubano por muchos años más.

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