Artemisa Nuestra

Por: Yemmi Valdés / Actualidad,Opinión/ 11 enero, 2021

Nadie dijo que sería fácil, nadie lo pensó tampoco, y lo que sentimos todos ¿quién lo definió?


Diez años tiene Artemisa, diez años del cambio de gentilicio que revolucionó la vida y los hechos sobre nuestras tierras de rostro rojo.

¡Qué complejo es esto de la identidad! Pero qué bonito, cuán definitivo e incierto en paralelo. Aquí hubo siempre una pinareña a prueba de balas y una nueva historia plató bandera y conquistó.

Despacito y en puntillas, quizás recelosos, salimos a explorar el reto que se nos dio, despacito descubrimos raíces y motivos, despacito nos topamos con los pilares de una épica desafiante a la que no pudimos renunciar.

Despacito se transita por el mar verde sus cañaverales y sientes que algunas estampas ya no te podrán faltar. Casi sin tiempo para percibirlo la necesidad de servirle marcó el paso.

Y no sabes cuándo comenzó a pasar, pero te involucras, te empiezan a enamorar las leyendas de sus cafetales, el valor de los moncadistas, la impronta de muchos de sus hijos.

De a poco se van fundiendo el desenfado de los habaneros y la austeridad de los pinareños, de a poco nos reconocemos y nos comprometemos por la fuerza de la colectividad.

Y despacito tenemos todos las mismas razones para sentir orgullo o sentir dolor, despacito nos percatamos fundadores y forjadores de una obra que nos hace responsables del futuro.

De a poco marcan las pautas la molienda de un central, la belleza de unas orquídeas, el brío de una cascada, los misterios de unas ruinas, el devenir de un hospital, los frutos de las cosechas y aquella zona especial.

Despacito un Cacagual otorga la fortaleza del brazo de Maceo, un Cirilo Villaverde nos define desde antaño, una canción nos inspira en liras poderosas como las de María Teresa, Silvio desde donde hay un río o un Guajiro del Brujito tan inédito, como natural.

Artemisa en el Cristo de Gilma, en los versos de Rubén, Artemisa en los muros del Moncada y la sangre rubí en la insignia sagrada.

Artemisa en ella misma y en toda Cuba. Artemisa en el mundo vestida de Henry Reeve, vestida de verde o blanco y siempre de alma roja, como sus pasiones y sus ímpetus, como su Mausoleo.

Entonces pasan diez años y nada será tan despacito, ya se acelera el pulso y sabemos latir al ritmo de las fábricas, al calor de un debate cuando un desatino duele, al brotar una rama en  los campos, al ganar y al perder pero siempre en el furor de la brega.

Ahora mismo Artemisa es más mía, más tuya, más cubana y más necesitada de cariños y desvelos, de esfuerzos de los unos por el bien de los otros y para el beneficio de todos.

Traiga usted su amor y más que adiós diga: permiso, a la década nuestra.