“Más que un sonero”
Orlando Darien Bernal nunca persiguió la gloria. Ama a la música tradicional y la trova. Una vocación surgida desde niño y las influencias de exponente como Pancho Amat, hoy lo definen como un sonero.
Hoy su cuerpo marca la misma melodía, porque para Orlando, la clave, el sonido del tumbao y el escenario reflejan la pasión de aquel niño que siempre amó a la música tradicional cubana

¿Qué lo motivó a dedicarse a la música y, específicamente, por qué el género que usted realiza y no otro?
La música es algo que viene por vocación, desde niño. Cuando observas a los niños, enseguida puedes notar quiénes tienen una inclinación natural hacia algo. Desde pequeño, siempre me incliné por la música, aunque mi mamá era quien me decía: «apréndete esta canción, canta, adelante». En mi familia no hay músicos, es algo que parece venir por defecto, como se dice. Cuando llegó el momento de estudiar, en la secundaria, en aquel entonces, al terminar noveno grado, comenzaron las captaciones para las escuelas de instructores. Fue en el año 2000. Hice la prueba porque ya venía de un movimiento aficionado. Claro, era joven y estaba influenciado por el rap y otras cosas que estaban de moda. Entré y aprobé, ingresé a la escuela 13 de Marzo. Allí estuve como instructor de arte. El programa se inclinaba más hacia la música tradicional y la trova. Me gustó eso. Desde entonces, ha sido un vicio que aún hoy no he dejado de adorar.
¿Y hubo alguna influencia o momento en particular?
Hubo muchas influencias. A veces uno trata de señalar a una persona específica, pero son varias. Por ejemplo, desde la secundaria tuve maestros como el profesor Ardén Moré, quien era el promotor natural de la escuela. Recuerdo que el director decía: «aquí las recreaciones no son con la música que ustedes oyen en las discotecas, sino con música cubana». Ahí escuchábamos a Matamoros; lo más moderno que oíamos eran las orquestas de ese tiempo, como La Charanga Habanera y Los Van van. Aquí en Güira, todos los músicos que hacemos música tradicional o popular cubana tenemos a Pancho Amat como influencia. A partir de Pancho Amat, todo lo demás.
También estuve aquí en Güira con William Borrego, quien en ese momento era el cantante de Pancho Amat y fue quien directamente me comenzó a dar tutoriales sobre cómo se cantaba el son y la trova. Me enseñó aspectos técnicos como el fraseo y cómo diferenciarlo, así como cómo tocar las maracas. Esas son mis influencias principales, pero hay muchas más; desde escuchar a Benny Moré, Miguelito Puní y el Aragón, hasta toda la música cubana que se escucha a nivel nacional.
¿Y cómo llega usted desde la escuela 13 de Marzo hasta su actual desempeño?
Estuve entre siete y ocho años en el servicio social que teníamos que realizar, pero paralelamente, en la Brigada José Martí tuvimos la oportunidad de desarrollarnos como artistas. Aquí en el pueblo creamos un proyecto artístico llamado Trova Swing, que fue impulsado por Miguel Durruti y Miguelito, quienes habían estado en el sistema de Casa de Cultura junto a Emil Borrego. En su momento también participaron Olifue Borrego y Jadi López. Menciono estos nombres porque sé que cualquier güireño que vea esta entrevista sabrá de quiénes hablo. Formamos este pequeño proyecto, Trova Swing, que nos permitió participar en actividades de la juventud y eventos comunitarios, incluso después de desastres naturales como ciclones. Así cultivamos canciones que componíamos nosotros mismos y trabajamos con temas del mundo tradicional. Todo esto nos fue brindando un desarrollo artístico significativo. En algún momento de esta historia, José Rodríguez, un músico muy talentoso del pueblo, formó un quinteto y me llamó para unirme.
Y, entonces, con José Rodríguez, él forma el Quinteto Trobabana, y es a través de él que entro al mundo profesional. Todo esto con la venia del maestro Pancho Amat, quien siempre estaba pendiente de nosotros, diciéndonos: «No, mira, el son se hace así; a ver, esto por aquí, vayan por allá», como un padrino. A partir de ahí, entro al mundo profesional y por cosas de la vida, entro al Cabildo del Son con el maestro Pancho Amat.
¿Cómo describiría su estilo?
Yo soy como la canción de Adalberto: «Soy sonero y no lo niego». Eso es lo que siento que me define. Pero me gusta cantar de todo dentro de la música cubana. Para la rumba soy, como dirían en el ardor popular, un gallegón. La rumba me encanta, pero también toco otros géneros. Dentro del panorama musical, me siento capaz de hacer de todo, siempre que mi voz lo permita. Toco un poco de guitarra y un poco de flauta. En estos tiempos actuales, tienes que adaptarte a lo que venga, siempre que sea honesto y musical.
¿Cuáles han sido los principales hitos a lo largo de tu carrera?
Bueno, mira, al entrar al Cabildo del Son, mi forma de pensar es que, en Cuba, eso es la cima. Entrar en un grupo como el Cabildo del Son es comparable a estar en el más alto nivel de la música tradicional cubana. Yo pienso que eso es un triunfo total en mi carrera. A veces, cuando uno dice que se siente triunfador, la gente lo asocia con dinero. Y no se trata de dinero; se trata de la importancia de estar con el maestro Pancho Amat, porque si él te llama es porque vales, ya que es un maestro de maestros. He tenido la oportunidad de recorrer buena parte del mundo con él. Hemos estado en Japón, España, Colombia, República Dominicana, México, etcétera.
He sido nominado y premiado en Cubadisco tres veces desde que estoy en el Cabildo del Son hace 11 años. Antes de eso, el Cabildo ya había ganado varios premios, pero estamos hablando de mi contribución. He sido premiado tres veces en Cubadiscos: dos veces con discos nuestros y una vez en un homenaje al tres cubano, donde el Cabildo del Son se unió a Manolito Simonet en un concierto en el cine Yara, participando todos los grandes del son cubano. Y ahí estuve yo. Aún no he logrado materializar mi producción musical propia, pero esos son hitos importantes para mí porque he acompañado al maestro en todos esos logros.
¿Cuáles han sido sus mayores desafíos?
Te pongo un ejemplo que puede parecer trivial: tocar las maracas es fácil. La gente dice: «Ah, tú cantas y tocas las maracas». Pero eso no es nada fácil. Un percusionista experimentado tiene su independencia mental; por un lado, toca una cosa y por el pie otra. Cuando le das las maracas y tienes que cantar al mismo tiempo, debes mantener el ritmo; eso es un desafío y parece algo simple.
A veces las personas en Cuba minimizan la importancia de hacer bien la música cubana. La música cubana tiene patrones que no puedes obviar; tienen que estar presentes. No se trata solo de hacer la clave o tocar el son; hay patrones que debes respetar y aprender, y eso representa un verdadero desafío.
El mayor desafío de cualquier músico o cantante que se dedique a defender el son y la música cubana en general es conocer cómo se hace cada estilo y cada cosa, lo cual no es fácil. Hay muchos detalles que debes tener presentes a la hora de cantar y de ejecutar, porque si no, te confunden. Te dicen: «No, tú eres salsero». Pero no somos salseros; somos soneros, trovadores. Somos de música cubana, que es distinta y no es igual. Por lo tanto, es un desafío para cualquiera que entre en este mundo, y aprenderlo me costó trabajo; no fue fácil.
¿Y qué opina de los nuevos géneros musicales?
Tengo una percepción muy distinta a la de la mayoría. Para que un género tenga ese nombre, debe cumplir con muchas características, ya sea en el tiempo, en sus patrones técnicos, rítmicos, melódicos y armónicos. Pero hoy en día, no sé, le ponen etiquetas a cualquier cosa y dicen: «Fulanito hizo esto, que se oye así; eso es género tal», y ya lo consideran un género. Yo ahí no entro.
Pienso que la música actual, como decía el maestro Frank Fernández, se puede clasificar en buena o mala. No importa el estilo, la forma o el género con el que la hagas. Tú sabes, dentro de tu vocación, cuándo haces algo para construir, para que perdure, para educar, para formar, y también para ganar dinero, porque el músico come. Pero eso es un compromiso que tiene el artista, y creo que es lo que convierte la música en buena o mala. Da igual si la haces con una lata en un palo o con una orquesta.

