María Eulalia, heredera digna de un mambí
María Eulalia Gutiérrez Rodríguez es una mujer con orígenes marcados por su abuelo mambí, integrante de las tropas del General Antonio Maceo.
Pero su historia está hecha de esfuerzos propios y mucha voluntad para ser útil a la sociedad.
A ella el museo de San Cristóbal dedicó un homenaje dado su liderazgo en muchos escenarios de la vida. Residente en Santa Teresa, en la comunidad de Fierro, fue una niña que desde los 10 años ya participaba junto a su padre en la causa del Movimiento 26 de Julio, donde servía de distracción para el éxito de las acciones clandestinas.
Es fundadora de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y de las Milicias de Tropas Territoriales (MTT) e integrante de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) y del Partido Comunista de Cuba (PCC). Colaborar con la Seguridad del Estado y otros órganos del Ministerio del Interior (MININT) luego del triunfo de la Revolución, no fue una experiencia fácil y siempre implicó riesgos, pero Eulalia lo entendió necesario y se volvió ese, uno de sus mayores aportes a la tranquilidad y el bienestar colectivos.
El protagonismo en las filas de la FMC al frente del bloque en su natal Santa Teresa y la trayectoria destacada al servicio de la organización y el feminismo; son, asimismo, esencias de su impronta.
La medalla 23 de agosto honra su entrega cotidiana. La colaboración con Salud pública en los años siguientes a 1959, marcó precedentes antes de la creación de los consultorios médicos de la familia en cuanto a una voluntad reconocible a favor de programas clave para sumar disposiciones en campañas como la antipoliomielítica (responsable de su cumplimiento en la comunidad durante 29 años) y el programa de prevención contra el cáncer cérvicouterino. Prestó más que su hogar, su ánimo y su sensibilidad.
En los CDR también ha mantenido un liderazgo indiscutible, desde su fe en lo mucho que se puede lograr con la solidaridad y el trabajo comunitario. El sello por más de 20 años de Vigilancia revolucionaria, destacándose dentro de la organización, así como la medalla 28 de septiembre, le avalan como cederista paradigmática.
Sobre sus medallas y reconocimientos, que no son pocos, seguro se queda con los afectos y la utilidad de su trabajo como principal huella, porque su ejemplo es fe de vida para las generaciones presentes y las futuras. Aquella niña de estirpe mambisa, nacida en 1935 supo llevar la herencia justiciera de su abuelo, a los próximos dos siglos tras las guerras de independencia.

